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Fratres y Sorores:
Siempre hemos declarado que la Orden Rosacruz
es, fundamentalmente, una fraternidad en la
que sus miembros son parte completa de la misma,
queriendo con esto decir que la Orden Rosacruz
es de todos los miembros de la misma, sin excepción
alguna, y sin tener en cuenta el que se lleve
más o menos tiempo afiliado a ella o
que, incluso, se ocupe una posición de
servicio como Oficial de nuestra Orden Venerable,
ya que, dentro de la Orden, todos somos iguales.
Esto quiere decir que, como parte integrante
de nuestra Institución, que somos todos
por igual, podemos, y debemos, encarar cualquier
aspecto que concierna a la Orden con total franqueza
y libertad.
Sirva este preámbulo para comenzar a
tratar un tema que, muchas veces, por un falso
pudor, no se quiere tocar pero que, sin embargo,
consideramos que es de importancia el que quede
suficientemente claro.
En algunas ocasiones, pocas afortunadamente,
recibimos cartas de algunos miembros de la Orden,
generalmente de reciente afiliación,
en la que nos dicen que, para ellos, la Orden
Rosacruz es una empresa comercial y que tienen
contratados unos servicios con nosotros que
esperan que cumplamos, sin ninguna otra obligación
por su parte y dejando bien claro que no quieren
que se les involucre en nuestro «negocio»,
así como que no es necesario que nos
esforcemos en convencerles que la Orden Rosacruz
no es de carácter lucrativo, porque ellos
tienen bien claro que la Orden tiene connotaciones
«comercialistas» ya que cobra cuotas
que, a su juicio, son muy sustanciosas.
Curiosamente, cuando consultamos nuestros archivos,
solemos comprobar que quienes hacen este tipo
de afirmaciones, y que se quejan del pago de
las cuotas, son precisamente, en la mayor parte
de los casos, personas que se atrasan en el
pago de las mismas.
Es interesante saber que la mayoría de
las veces, por no decir todas, quienes suelen
proceder de este modo pidiendo que se les exima
del pago de sus cuotas, o quejándose
de las mismas, no ofrecen nada a cambio, como
si tuviésemos la obligación de
dar a quien nada da a los demás.
Por el contrario, personas que se encuentran
en situaciones muy difíciles, pero que
tienen verdadero interés en seguir las
enseñanzas de la Orden, no solo no piden
nada, sino que ofrecen ayudar si pueden. Este
caso lo comentamos algunas veces en la Sede
Soberana de la Orden cuando vemos que personas
como una Soror, que vive en un país que,
en el momento de escribir este mensaje, se encuentra
en guerra civil, y que incluso le es difícil
conseguir el alimento que necesita para su subsistencia,
no se queja nunca, ni pide una consideración
especial, declarando solamente que espera que
los seres humanos, algún día,
tomen consciencia y dejen de perjudicar a otros.
Incluso en una ocasión recibimos una
carta en la que se nos decía que no deberíamos
cobrar cuotas porque, según dice la Santa
Biblia: «Lo que de balde recibisteis,
dadlo de balde».
Quien esto nos escribía tenía
toda la razón del mundo porque el conocimiento,
que es patrimonio de toda la Humanidad, no puede
cobrarse, sin embargo, se olvidaba que para
poder tener una Biblia es necesario ir a la
Librería y COMPRARLA, y que si no se
tiene dinero para adquirirla se queda sin ella.
Esto que sabemos que es de sentido común,
en cuanto a la adquisición de una Biblia,
no supone que quien la compre esté adquiriendo
el mensaje que en ella, como libro, se encuentra
escrito, sino que está abonando los gastos
que se han originado con su impresión
y distribución, que son muchos.
Cuando una persona ve un libro, tal como la
Biblia, tiene la tendencia a pensar que su precio
debería ser el del papel y el de la tinta
de imprimir, sin detenerse a pensar que, en
definitiva, esos son los gastos mínimos
que se originan en su confección porque,
si hiciésemos un repaso de todo el proceso
de publicación de un libro y de su distribución,
aquellos que no saben como se hace se quedarían
asombrados.
En el proceso de edición de un libro,
como la Biblia, se necesita que intervengan:
traductores, correctores de estilo y ortografía,
diseñadores y enmaquetadores de la publicación,
impresores, encuadernadores, mozos ayudantes,
distribuidores, administrativos que controlen
la contabilidad de los gastos del proceso, y
así sucesivamente hasta llegar a la librería
donde el empleado nos la venderá. Todo
ello supone una gran cantidad de operarios que
trabajan para que el libro llegue a nosotros
y estas personas deben cobrar el salario de
su trabajo para atender a sus necesidades naturales.
Si a eso añadimos el costo de papel,
tinta, material de encuadernación, parte
proporcional de gasto de maquinaria (impresión,
fotografía o dibujos, etc) gastos de
electricidad, local donde se imprime, se almacena,
se distribuye y se vende, y así sucesivamente,
llegamos a la conclusión que la simple
edición de un libro, como la Biblia,
conlleva unos gastos materiales tan importantes
que es lógico y sensato que se pida un
precio a quien la desee adquirir.
Todo este proceso es solamente una pequeña
parte de lo que realmente se hace en la edición
de un solo libro; si dijésemos todo el
proceso tardaríamos, seguramente, bastante
tiempo en describirlo y aduciríamos aún
mas razones para que el libro deba pagarse.
Si eso es así en la edición de
un solo libro ¿se imaginan todo el trabajos
que se desarrolla en la Sede de la Orden Rosacruz,
para poder servir a los Rosacruces en su búsqueda
de la Luz Mayor.
Aquí tenemos que preparar no un libro,
sino muchas lecciones, que necesitan de un trabajo
creativo impresionante, en traducción
de antiguos tratados Rosacruces, interpretación
de símbolos, diseño de lecciones,
preparación artística de dibujos,
fotografías, etc, para acompañar
a las lecciones. Así mismo tenemos la
confección de la Revista Rosacruz Triángulo de Luz, de los Rituales para Logias y Triángulos,
Manuales Administrativos para delegaciones de
la Orden, Mensajes a Logias y Triángulos,
etc. lo que da idea del ingente trabajo que
se desarrolla y los gastos considerables que
ello conlleva.
Al mismo tiempo la Orden necesita atender a
muchos otros gastos, además de la edición
de enseñanza y material de instrucción.
Debemos pagar los locales donde se encuentra
ubicada la Sede Soberana.
Tenemos que pagar la electricidad, agua, teléfono,
mantenimiento y limpieza, de los locales de
la Sede Soberana, y eso asciende a un gasto
considerable.
Todo el material de trabajo de la Orden, como
máquinas de escribir, ordenadores y computadores,
impresoras matriciales y de rayos láser,
calculadoras, fotocopiadoras, mesas, sillas
y mobiliario diverso (archivadores, estanterías,
etc) deben ser pagadas, porque los proveedores
no nos los regalan, y dichos gastos solo los
podemos sufragar mediante la aportación
de nuestros miembros.
Material de oficina, tales como lápices,
bolígrafos, rotuladores, clips, grapas,
cintas de máquina, y un largo etc. deben
ser adquiridos y pagados por la Orden para su
buen funcionamiento administrativo.
Así mismo la Orden tiene gastos importantes
en compra de material bibliográfico,
y recuperación de antiguos libros y documentos.
La defensa de legal de la Orden, así
como los trámites burocráticos
ante la administración publica, etc.
suponen, también, un gasto importante
en las operaciones de funcionamiento de la Orden
Rosacruz.
Muchos de los presentes han entrado a la Orden
por medio de la publicidad en periódicos
o revistas, lo que supone un gasto importantísimo
ya que un simple anuncio en una revista es más
caro que pagar el sueldo de una persona durante
un mes de trabajo, y ese gasto solo se puede
atender si contamos con los fondos para ello,
porque los medios de comunicación social
(periódicos, revistas, etc), con los
que hacemos arduas negociaciones para conseguir
el mejor presupuesto posible, no nos regalan
la inserción de los anuncios.
Otros han entrado por medio de conferencias
públicas, que conllevan, así mismo,
un gasto considerable en alquiler de locales,
anuncios, desplazamiento y viaje del conferenciante,
etc.
Al mismo tiempo la Orden Rosacruz mantiene un
sistema de becas que permiten a algunos miembros
de la Orden con dificultades económicas
el poder recibir sus estudios sin abonar cuotas,
a pesar de los gastos que ocasionan. Esto es
especialmente importante en el caso de países
con graves dificultades, como Cuba, o como Yugoslavia,
en los que nuestros miembros reciben las lecciones
sin pagar cuotas porque no pueden enviárnoslas.
Toda esta exposición sirve, fundamentalmente,
para que todos, especialmente los que no conocen
el funcionamiento de la Orden, tomen consciencia
del inmenso esfuerzo y de los considerables
gastos que es necesario atender para proporcionar
la enseñanza precisa a nuestros miembros
y hacer que funcione nuestra institución.
Si solo se debiera atender a los gastos de papelería,
imprenta, y gastos postales, todo sería
muy fácil y económico, pero no
es así, como podrán observar,
sino que el funcionamiento de cualquier institución,
y en particular de la Orden Rosacruz, es muy
complejo y costoso.
De esta manera se podrá comprender que
el montante de las cuotas de la Orden Rosacruz
están ajustadas a los gastos de la Institución
y que, en modo alguno, es posible atenderla,
de manera digna y adecuada, si no pagamos nuestras
cuotas. Todo ello debe dejar bien a las claras
que en la Orden Rosacruz no cobramos el conocimiento,
lo cual sería aberrante desde el punto
de vista de nuestra filosofía, sino que
lo que se paga es el gasto de funcionamiento
de nuestra asociación fraternal.
En lo que a los aspectos legales se refiere,
la Orden Rosacruz está inscrita ante
las autoridades como una Asociación Cultural
sin fines de lucro.
Esto quiere decir que de los fondos de la Orden
Rosacruz no se puede beneficiar nadie en particular,
en forma de dividendo y de comisiones, aunque
legalmente está autorizada a pagar los
sueldos estipulados a las personas que trabajen
en la Orden Rosacruz porque es justo y necesario
que quien dedica su tiempo a trabajar en la
Orden se le proporcionen medios de subsistencia,
como se hace con quien trabaja en un periódico,
en una clínica, o en una constructora.
No obstante, durante muchos años, los
Oficiales principales de la Orden Rosacruz,
y algunos colaboradores, han trabajado, prácticamente
a tiempo completo para servir a sus hermanos
y hermanas Rosacruces, sin percibir ningún
tipo de compensación material aunque,
sin embargo, han pagado a la Orden sus cuotas
de afiliación como todos los demás
miembros de la misma.
Tras todo lo expuesto podemos manifestar, y
todos lo pueden comprender, que la Orden Rosacruz
es una hermandad sin fines de lucro y no una
empresa que practique actividades comercialistas.
Todos los miembros de la Orden, con su aportación
material y espiritual, permiten la perpetuación
de las enseñanzas de nuestra Orden Venerable,
por esa razón, en esta ocasión,
lo mismo que siempre con nuestros pensamientos,
aspiraciones y actos, alimentaremos la Egrégora
de la Orden Rosacruz, dando fuerza y vigor a
la Obra de los Maestros por intermedio de nuestra
Institución.
(El Maestro conducirá un periodo de armonización
con la Egrégora Rosacruz, terminada la
cual, procederá a cerrar la convocación)
Fratres y Sorores, que la Paz Profunda more
en sus corazones.
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