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Hace ya miles de
años que hombres y
mujeres, sinceros buscadores
de la verdad, y deseosos de
desentrañar el misterio
de la existencia de una u
otra manera, comenzaron la
búsqueda para responder
a esas preguntas esenciales
que nos hemos planteado hace
un momento y que siguen siendo
el motor básico que
impulsa a los verdaderos pensadores
a los futuros Maestros
de la Vida.
Muchos de esos hombres
y mujeres abandonaron incluso
la comodidad de sus hogares
para, en tiempos inciertos,
partir a la búsqueda
de las fuentes de la Sabiduría
eterna para saciar en ella
su sed de conocimiento
Algunos encontraron
a otros seres semejantes a
ellos en el deseo de saber
y se unieron para emprender
la búsqueda en la que
compartirían sus experiencias
individuales para mutuo beneficio.
Fundaron en la antigüedad
las Escuelas de los Misterios
y se constituyeron en Veladores
Silenciosos, para preservar
el conocimiento interior que
hacía libres a aquellos
que lo poseían.
Pero, cabría
preguntarse, ¿qué
es lo que descubrieron en
las Antiguas Escuelas de
Conocimiento Esotérico,
guardándolo como un
tesoro al abrigo de los profanos,
reservándolo solamente
para aquellos elegidos que
probaban fehacientemente su
interés en conocer
los misterios profundos del
Ser?.
Nada hay más
cerca de nosotros que nosotros
mismos y nada que nos
sea más desconocido
que nuestro propio Ser.
En nuestro cuerpo
un número ilimitado
de átomos giran en
órbitas como lo hacen
los astros en el Universo,
con la misma precisión
y armonía que el Cosmos,
y funcionando con las mismas
leyes fundamentales. Buscamos
el Universo fuera de nosotros,
sin percatarnos que nosotros
mismos somos un universo en
miniatura.
Pero, más
importante aún, los
seres humanos somos algo más
que cuerpo. Tenemos vida y
manifestamos su atributo más
importante: la consciencia.
Los seres humanos somos también
mente que se manifiesta continuamente.
Hasta cuando dormimos nuestra
mente sigue funcionando para
asegurar los procesos vitales
fundamentales.
La psicología
moderna admite que un alto
porcentaje de las enfermedades
que padecemos son psicosomáticas,
que empezaron primero en la
mente para manifestarse después
en el cuerpo. ¿Por
qué la mente nos ocasiona,
a través de procesos
incorrectos, estas enfermedades?
Actualmente, en
la época de la informática,
sabemos que las computadoras
se pueden programar y desprogramar
para conseguir fines distintos.
La mente funciona de forma
parecida a las computadoras.
Una programación
incorrecta puede ocasionar
enfermedades graves y traumas
que convierten nuestra vida
en algo desgraciado.
Podemos aprender
a corregir gran parte de las
enfermedades que nos aquejan.
Podemos programarnos para
mejorar la memoria, para conseguir
seguridad y aplomo, para un
mejor funcionamiento de nuestra
personalidad, para gozar de
una mejor salud.
Tantas y tantas
cosas podemos hacer, cuando
conocemos las potencialidades
internas de nuestra mente,
que podemos relegar el sufrimiento
al lugar que verdaderamente
le corresponde: LA NADA.
Pero, mucho más
aún. Lo mismo que un
cuadro lleva la impronta del
pintor que lo pintó,
lo mismo que una escultura
lleva el sello del escultor
que la esculpió, y
que un edificio lleva la expresión
de la personalidad del arquitecto
que lo diseñó
y lo construyó, nosotros
llevamos el sello, en nuestro
interior, del Creador.
El ser humano puede,
si sabe como hacerlo, crear
su futuro y llevar una vida
digna de ser vivida. Para
ello, debe emprender la más
maravillosa y fascinante de
las aventuras, la del descubrimiento
de su Ser Interior.
¿Se
considera con valor suficiente
para ello?
Si es así,
continúe su indagación
dentro de los misterios que
revela la Orden Rosacruz.
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