|
Hermanos y Hermanas Rosacruces,
Uno de los artículos
que me han parecido más interesantes
de la revista Rosacruz "Triángulo
de Luz", ha sido el de René Guenón
publicado hace ya algunos meses con el título
«Conócete a ti mismo». En
este artículo, cuya relectura y sosegada
reflexión aconsejo a todos los fratres
y sorores, se contiene una máxima de
Platón que considero de ¡a máxima
significación: Todo lo que el hombre
aprende está ya en él..."
a la véz que se aconseja, por parte del
autor, y con el objetivo de alcanzar la verdadera
sabiduría realizar ciertos estados que
avanzan siempre más profundamente hacia
el ser, hacia el centro ( ... ), donde la conciencia
del hombre debe ser transfierida para hacerle
capaz de alcanzar el conocimiento real.
¿Qué método,
de qué sistema nos ha dotado la divinidad
para realizar esos estados trascendentales,
para avanzar hacia nuestro propio centro y alcanzar
en nosotros mismos y por nosotros mismos ese
núcleo en el que se contiene y está
todo?. Pues bien, a mi juicio estamos hablando
de la meditación entendida en el sentido
que a continuación ~os a exponer, y desechando,
para los fines que aquí nos ocupan, otras
significaciones o metas de la misma por muy
loables y fructíferas que sean.
En efecto, hay personas
para las que meditación viene a ser sinónimo
de relajación, de forma cine al meditar
se adormecen los sentidos y se llega a un estado
de relajación física y mental,
por supuesto muy agradable y beneficioso. La
meditación seria, de esta forma, una
técnica que operaría sobre los
elementos externos del centro de nuestro verdadero
ser (cuerpo e incluso mente), para serenarlos
y permitirles enfrentarse con ecuanimidad y
sosiego a los avatares de la vida diaria.
Para otras personas meditar
viene a ser sinónimo de reflexionar sopesar,
argumentar en pro y en contra de determinados
aspectos que o bien les preocupan o bien constituyen
temas trascendentales a los que les gustaría
encontrar una explicación plausible.
En este caso, la meditación como método
viene a utilizar la razón, la lógica,
el instrumento útil de la palabra sí
no expresada verbalmente sí pensada o
representada en el intelecto- En definitiva,
se trata de utilizar los medios de los que nos
valemos a diario en nuestra vida cotidiana,
con la particularidad de hacerlo en la intimidad
y la soledad de uno mismo.
Sin embargo, la meditación
a la que quisiera referirme, la cual vengo humildemente
practicando desde hace algún tiempo,
y a la cual entusiastamente animo a todo sincero
buscador, es aquella que, pasando por el estado
de relajación (paso previo y necesario),
trasciende el mismo para ir más allá,
para penetrar en lo que hay detrás de
él, y que para hacerlo se desprende de
la palabra, el pensamiento, el raciocinio y
la lógica, es decir, ignora todos los
instrumentos que la mente humana pone a su alcance
y que para este viaje no solamente no son útiles
sino que vienen a perturbar.
Efectivamente, la mente
sirve para lo que sirve, y correlativamente
no sirve para lo que no sirve. Parece una obviedad,
pero entiendo que en las obviedades más
simples está la verdad. Un teléfono
es muy útil, pero si queremos escribir
tendremos que utilizar un lápiz, porque
el teléfono vale para lo que vale, no
para lo demás, y no por eso hay que menospreciarlo
o ridiculizarlo. Pues bien, el lugar al que
vamos a través de la meditación
trasciende la mente y por eso no puede ser aprehendido
o asido con ella. Es por eso que, para avanzar
en meditación, es inútil obligarse
a ello y proponérselo con los medios
de razonamiento que habitualmente utilizamos.
¿Y cuál es
ese lugar al que vamos?. ¿En qué
consiste ese espacio al que místicos,
sabios, buscadores y videntes de todas las tradiciones
han querido ir a lo largo de los siglos?. Ese
lugar, ese espacio, es el espacio interior,
es esa zona de vacío en la que aparentemente
no hay nada, no ocurre nada, pero que realmente
lo contiene todo. Creemos que no hay nada, pero
lo creemos con nuestro razonamiento externo
y superficial. Cuando nos desprendemos del mismo,
cuando abandonarnos todo aquello que creemos
ser lo único que tenemos (nuestras técnicas,
nuestros métodos) y basta lo único
que creemos ser, llegamos a lo que realmente
somos, a nuestra verdadera esencia, al centro
de todos los centros, que no es otra cosa que
el espacio interior en el que la divinidad ha
puesto su semilla en el hombre, ese espacio
en el que reside el alma humana, el espíritu
del Creador vivo en el hombre. Ese espacio también
puede ser identificado con la conciencia pura,
de hecho es pura conciencia. Es la conciencia
fisica y universal, todo penetrante, omnipresente
y eterna, existente desde el comienzo de los
tiempos y nunca perecedera, es la que conciencia
que todo lo penetra y que todo lo abarca, la
conciencia que pertenece (y que es) todos los
seres vivos e inertes de todos los planetas
y mundos imaginables y por imaginar, existentes,
que existieron antes y que existirán
en el futuro. Esa conciencia es inabarcable
porque es el mismo infinito. Esa conciencia,
por más esfuerzo que hagamos, no puede
ser definida ni abarcada con palabras, porque
es la conciencia la que crea la palabra, es
la conciencia de la que surge la palabra, luego
la palabra no puede comprender a aquello de
lo que surge, y que ha sido su creador.
Y se dice que todo aquello
que no puede ser dicho, expresado o verbalizado
tiene que ser experimentado, y es lo que sucede
con la aventura de la meditación. Hay
que ir allí, hay que intentar llegar
allí para saber lo que es. ¿Cómo
explicaríamos a alguien que nunca lo
hubiera hecho en qué consiste soñar
por poner un ejemplo?. Hagamos el intento en
este instante. No podemos, nos faltan las palabras
(¿o nos sobran?). Lo mismo ocurre con
la meditación: no podemos explicar qué
hacemos, cómo lo hacemos y donde vamos.
Simplemente hay que hacerlo. En definitiva,
ese esfuerzo, esa disponibilidad es el precio
que tiene que pagar el buscador para acceder
a los lugares más recónditos e
interiores de la naturaleza humana (y de todo),
aquellos en los que verá la esencia de
la existencia misma con el ojo interior y donde
todo le será revelado. Lo que allí
hay no es secreto, todo el mundo puede acceder
a ello, sólo tiene que desearlo sincera
y firmemente, tanto corno para hacer el esfuerzo
requerido y sentarse en completo silencio horas
y días hasta vislumbrar lo que le espera.
No es nada dificil, Dios
nos provee sin que sepamos cómo de todos
los medios necesarios para llegar a donde debemos.
Sólo hace falta un corazón limpio,
una voluntad firme un deseo sincero de hallar
la verdad y una disposición carente de
prejuicios, dispuesta a sombrarse con el misterio
del Infinito que le espera al otro lado.
Porque en definitiva vamos
al otro lado, cruzamos el charco, pasamos del
mundo cotidiano, previsible y razonable, al
mundo interior sólo accesible mediante
las facultades interiores, aunque en realidad,
corno se dice en nuestras lecciones rosacruces,
no hay línea divisoria, no hay dos conciencias,
no hay dos mundos, exterior e exterior. Solo
hay un mundo, una conciencia, un Dios, una Divinidad.
Solo hay una energía universal que sustenta
el universo entero, con independencia de que
vibre y se consolide en diferentes niveles Ese
es el único lugar que hay, el único
al que hay que llegar (con la paradoja de que
es en el que estamos).
No voy a sugerirles técnica
ni método alguno para este viaje. Simplemente
siéntense de la manera más cómoda
y reposen en silencio, dirijan la mirada al
interior y les aseguro que Dios (o cualquier
medio a través de los que nos habla)
vendrá en su ayuda. Ningún sincero
buscador se queda sin saborear el fruto de su
búsqueda. Y he dicho que no voy a sugerir
técnica o método en primer lugar
porque no estoy lo suficientemente cualificado
(solamente soy un humilde buscador, al igual
que el resto), y en segundo lugar porque cada
persona es un mundo y debe hallar por sí
misma las recetas que mejor le sirvan. Además,
Dios habla a cada uno con el lenguaje que esa
persona entiende, y en definitiva esta es una
aventura personal, íntima e intransferible.
Cada uno debe hacer su viaje. Es el viaje interior.
En realidad ES EL VIAJE. Muy pocos otros merecen
la pena, Aunque creo, intuyo, que todos se confunden
en éste.
Corno dijo en cierta ocasión
un experimentado aventurero: «Después
de recorrer los mares, cimas y cordilleras de
medio inundo, creo sinceramente que lo único
que queda por descubrís son las interioridades
del ser humano».
Que la paz profunda sea
con ustedes y que reposen siempre en la divinidad
que se halla en su interior.
F.. R... C... Agustín
Gran Adsuar
Orden Rosacruz.
|