EL DOLOR ES EL MEGAFONO
CON EL QUE HABLA DIOS A LOS SORDOS
Antonio Terrer Hernández
C... R... C...
Caballero Rosacruz.
«El dolor es el megáfono con el
que habla Dios a los Sordos». Esta frase la oí
en una película y la utilizo ahora porque define
bastante bien lo que quiero expresar en este trabajo.
El dolor es un aviso o señal de alarma
que produce cualquier órgano del cuerpo, que por
medio del sistema nervioso envía dicha señal
al cerebro para que este reaccione y ponga los medios necesarios
a fin de corregir la irregularidad producida, lo que nos
demuestra claramente la perfección de esta maravillosa
máquina que es el cuerpo humano.
No voy a tratar el tema como lo hace la ciencia
médica pues no saldría de mi pluma mas que
ignorancia por mi desconocimiento; lo quiero desarrollar
como el resultado de una causa que se produce por un efecto,
y que a su vez es producido por otra causa que viene de
otro efecto y que llega a un límite en el que el
mundo profano se queda delante de una puerta cerrada a la
que no le puede dar explicación, pero, que desde
el punto de vista esotérico esa puerta la podemos
abrir y ver a donde conduce.
El dolor puede estar producido por accidente,
deficiencia física o enfermedad: en el caso de accidente
corresponde a un comportamiento inadecuado del portador
del cuerpo que por inconsciencia, desconocimiento o temeridad
ha llevado su máquina por un camino erróneo
que le ha producido dicho percance. Esto es fácil
de entender a simple vista, ahora, si entramos en más
profundidades el esoterismo nos podría dar muchas
razones y explicaciones para entenderlo, pero no lo vamos
a tratar en este trabajo.
La deficiencia física puede haber sido
producida por enfermedad, accidente o defecto de nacimiento.
En el caso de un defecto de nacimiento hemos de verlo como
consecuencia de un algo anterior al nacimiento ya que el
estudio de la genética tampoco nos puede dar explicaciones
en todos los casos, y aunque nos las diese, los que estudiamos
esoterismo sabemos que somos nosotros los que elegimos en
el plano espiritual y con libre albedrío las pruebas
que deberemos pasar para aprender de ellas durante nuestra
vida; con lo cual es lógico suponer que puestos a
elegir en un plano sin egoísmos, con la visión
del conjunto cósmico y con la esperanza de cumplir
lo mejor posible con la misión que libremente hemos
elegido es que nuestro cuerpo sea el ideal para la mejor
consecución de nuestra meta. Por lo tanto, sigue
siendo responsabilidad nuestra el estado de esa máquina
particular de expresión.
El caso de la enfermedad es el que quizás
se vive más diariamente, es a la que menos caso le
hacemos y la que más miedo nos da, ya que creemos
que el accidente lo podemos controlar mas o menos con la
prudencia y evitar así riesgos; la deficiencia física
si no la tenemos o la hemos aceptado no nos preocupa de
igual manera, sin embargo, cuando la enfermedad empieza
ha ser dolorosa es cuando nos entra realmente el miedo y
queremos ponerle solución porque en nuestra ignorancia
tenemos miedo a sufrir y a morir.
La enfermedad es una deficiencia o deterioro
de una parte de nuestro organismo, cuando se produce por
el mal uso de nuestro cuerpo es bastante fácil de
aceptar por las consecuencias visibles de nuestros actos,
pero cuando desconocemos los motivos de dicha enfermedad
es cuando no llegamos a entender que nos esté pasando
a nosotros.
Un cuerpo sano es aquel en el que todos sus
componentes están en equilibrio, contiene las proporciones
justas de líquidos, sales, minerales etc., que necesita
cada parte de nuestro organismo para su correcto funcionamiento.
Cuando el equilibrio se pierde se descompensa el organismo
y la parte que más acusa la deficiencia en exceso
o defecto de dichas proporciones es la que muestra la enfermedad.
De todos es sabido que no solo afecta a ese desequilibrio
las deficiencias físicas, sino también los
estados psíquicos y las alteraciones nerviosas, bien
sea por falta de conocimiento de los procesos de la naturaleza
en nuestro organismo, o por negarnos a reconocer defectos
propios de nuestra personalidad, ya que todo lo que nos
produce ansiedad, intranquilidad, miedo, etc. está
desajustando el equilibrio mental reflejándolo como
consecuencia en el corporal. Una mente relajada y armonizada
traduce al cuerpo una tranquilidad para el correcto funcionamiento
de los órganos. La envidia, la avaricia, la intolerancia,
el egoísmo, el deseo etc., producen alteraciones
que obligan al organismo a repartir los recursos de que
dispone y prestarle mas medios a las partes afectadas en
detrimento de otras, ya que los órganos que son más
débiles (bien sea por nacimiento o deterioro continuo)
al bajar sus necesidades de los mínimos necesarios
para equilibrar por si mismos sus propios recursos muestran
la enfermedad como resultado de esa deficiencia o exceso
de las justas proporciones.
Todo lo que se produce en nuestra mente y manifestamos
en este plano es el resultado de lo que somos.
Nuestras reacciones en la vida cotidiana son
un reflejo de nuestra personalidad y del equilibrio o no
de la misma, el control de ese equilibrio no solo depende
del conocimiento consciente o inconsciente almacenado en
nuestra personalidad mundana, sino también del conocimiento
almacenado en nuestra alma en las anteriores encarnaciones.
La creación toda se rige por la ley del
Amor, unión armoniosa de todos y cada uno de los
seres que la componen. De esa perfecta armonía surge
la ley en la que cada ser tiene su lugar preciso en el vasto
conjunto Cósmico y todos sin excepción deben
colaborar para que el equilibrio no se rompa.
La expresión más pura de ese Amor,
de esa armonía, la manifiesta el espíritu
que es parte de la Esencia Divina, Ella es la que da vida
a todo lo existente y la que todo lo controla. Ella es la
fuerza del espíritu en el hombre, el seguimiento
de su ley de Amor nos da la conducta para la perfecta manifestación,
para la perfecta armonía, Ella le dio al hombre como
privilegio su libre albedrío que es el poder de la
decisión. Si la decisión que toma es correcta
la armonía del espíritu se plasma en el hombre,
si la decisión es incorrecta no hay culpa solo hay
desconocimiento de la realidad.
Tomamos decisiones continuamente, tanto conscientes
como inconscientes, los hábitos son una muestra de
ellos; imaginemos por un momento la cantidad de decisiones
que tomamos en un minuto, en una hora, en un día
etc. y nos daremos cuenta de las veces que podemos estar
desequilibrando nuestra mente y como resultado de la misma
nuestro cuerpo. Constantemente nuestro organismo está
corrigiendo los errores que cometemos hasta que sobrepasamos
los límites máximos o mínimos que dicho
organismo puede soportar, es entonces cuando se produce
en nosotros «nuestra enfermedad».
El dolor es el aviso del desequilibrio de nuestro
organismo, es el aviso de que nos hemos salido de los límites
tolerados por la armonía Cósmica, es el grito
de Dios para que rectifiquemos y no entorpezcamos la armonía
de la creación.
El accidente es un choque de nuestra parte externa
con la corriente de vida externa, la enfermedad es un choque
de nuestra parte interna con la corriente de vida interna.
Tanto en un caso como en el otro se produce por propia decisión
y por nadar contra corriente, con lo que rompemos la armonía
de la creación
El desconocimiento de la ley, aunque nos puede
disculpar en algunos momentos, no nos exime de sus consecuencias.
La armonía de la creación ha de
continuar seamos conscientes o no, queramos o no.
Si un organismo equilibrado muestra la salud,
si una mente equilibrada muestra la paz, ¿Qué
mostrará la armonía y el equilibrio del cuerpo,
alma y espíritu?.
Con mis deseos de que el equilibrio se manifieste
en nosotros, les deseo que la paz sea con ustedes.