MEDITANDO

Agustín Gran Adsuar F... R... C....

 

Hermanos y Hermanas Rosacruces,

Uno de los artículos que me han parecido más interesantes de la revista Rosacruz "Triángulo de Luz", ha sido el de René Guenón publicado hace ya algunos meses con el título «Conócete a ti mismo». En este artículo, cuya relectura y sosegada reflexión aconsejo a todos los fratres y sorores, se contiene una máxima de Platón que considero de ¡a máxima significación: Todo lo que el hombre aprende está ya en él..." a la véz que se aconseja, por parte del autor, y con el objetivo de alcanzar la verdadera sabiduría realizar ciertos estados que avanzan siempre más profundamente hacia el ser, hacia el centro ( ... ), donde la conciencia del hombre debe ser transfierida para hacerle capaz de alcanzar el conocimiento real.

¿Qué método, de qué sistema nos ha dotado la divinidad para realizar esos estados trascendentales, para avanzar hacia nuestro propio centro y alcanzar en nosotros mismos y por nosotros mismos ese núcleo en el que se contiene y está todo?. Pues bien, a mi juicio estamos hablando de la meditación entendida en el sentido que a continuación ~os a exponer, y desechando, para los fines que aquí nos ocupan, otras significaciones o metas de la misma por muy loables y fructíferas que sean.

En efecto, hay personas para las que meditación viene a ser sinónimo de relajación, de forma cine al meditar se adormecen los sentidos y se llega a un estado de relajación física y mental, por supuesto muy agradable y beneficioso. La meditación seria, de esta forma, una técnica que operaría sobre los elementos externos del centro de nuestro verdadero ser (cuerpo e incluso mente), para serenarlos y permitirles enfrentarse con ecuanimidad y sosiego a los avatares de la vida diaria.

Para otras personas meditar viene a ser sinónimo de reflexionar sopesar, argumentar en pro y en contra de determinados aspectos que o bien les preocupan o bien constituyen temas trascendentales a los que les gustaría encontrar una explicación plausible. En este caso, la meditación como método viene a utilizar la razón, la lógica, el instrumento útil de la palabra sí no expresada verbalmente sí pensada o representada en el intelecto- En definitiva, se trata de utilizar los medios de los que nos valemos a diario en nuestra vida cotidiana, con la particularidad de hacerlo en la intimidad y la soledad de uno mismo.

Sin embargo, la meditación a la que quisiera referirme, la cual vengo humildemente practicando desde hace algún tiempo, y a la cual entusiastamente animo a todo sincero buscador, es aquella que, pasando por el estado de relajación (paso previo y necesario), trasciende el mismo para ir más allá, para penetrar en lo que hay detrás de él, y que para hacerlo se desprende de la palabra, el pensamiento, el raciocinio y la lógica, es decir, ignora todos los instrumentos que la mente humana pone a su alcance y que para este viaje no solamente no son útiles sino que vienen a perturbar.

Efectivamente, la mente sirve para lo que sirve, y correlativamente no sirve para lo que no sirve. Parece una obviedad, pero entiendo que en las obviedades más simples está la verdad. Un teléfono es muy útil, pero si queremos escribir tendremos que utilizar un lápiz, porque el teléfono vale para lo que vale, no para lo demás, y no por eso hay que menospreciarlo o ridiculizarlo. Pues bien, el lugar al que vamos a través de la meditación trasciende la mente y por eso no puede ser aprehendido o asido con ella. Es por eso que, para avanzar en meditación, es inútil obligarse a ello y proponérselo con los medios de razonamiento que habitualmente utilizamos.

¿Y cuál es ese lugar al que vamos?. ¿En qué consiste ese espacio al que místicos, sabios, buscadores y videntes de todas las tradiciones han querido ir a lo largo de los siglos?. Ese lugar, ese espacio, es el espacio interior, es esa zona de vacío en la que aparentemente no hay nada, no ocurre nada, pero que realmente lo contiene todo. Creemos que no hay nada, pero lo creemos con nuestro razonamiento externo y superficial. Cuando nos desprendemos del mismo, cuando abandonarnos todo aquello que creemos ser lo único que tenemos (nuestras técnicas, nuestros métodos) y basta lo único que creemos ser, llegamos a lo que realmente somos, a nuestra verdadera esencia, al centro de todos los centros, que no es otra cosa que el espacio interior en el que la divinidad ha puesto su semilla en el hombre, ese espacio en el que reside el alma humana, el espíritu del Creador vivo en el hombre. Ese espacio también puede ser identificado con la conciencia pura, de hecho es pura conciencia. Es la conciencia fisica y universal, todo penetrante, omnipresente y eterna, existente desde el comienzo de los tiempos y nunca perecedera, es la que conciencia que todo lo penetra y que todo lo abarca, la conciencia que pertenece (y que es) todos los seres vivos e inertes de todos los planetas y mundos imaginables y por imaginar, existentes, que existieron antes y que existirán en el futuro. Esa conciencia es inabarcable porque es el mismo infinito. Esa conciencia, por más esfuerzo que hagamos, no puede ser definida ni abarcada con palabras, porque es la conciencia la que crea la palabra, es la conciencia de la que surge la palabra, luego la palabra no puede comprender a aquello de lo que surge, y que ha sido su creador.

Y se dice que todo aquello que no puede ser dicho, expresado o verbalizado tiene que ser experimentado, y es lo que sucede con la aventura de la meditación. Hay que ir allí, hay que intentar llegar allí para saber lo que es. ¿Cómo explicaríamos a alguien que nunca lo hubiera hecho en qué consiste soñar por poner un ejemplo?. Hagamos el intento en este instante. No podemos, nos faltan las palabras (¿o nos sobran?). Lo mismo ocurre con la meditación: no podemos explicar qué hacemos, cómo lo hacemos y donde vamos. Simplemente hay que hacerlo. En definitiva, ese esfuerzo, esa disponibilidad es el precio que tiene que pagar el buscador para acceder a los lugares más recónditos e interiores de la naturaleza humana (y de todo), aquellos en los que verá la esencia de la existencia misma con el ojo interior y donde todo le será revelado. Lo que allí hay no es secreto, todo el mundo puede acceder a ello, sólo tiene que desearlo sincera y firmemente, tanto corno para hacer el esfuerzo requerido y sentarse en completo silencio horas y días hasta vislumbrar lo que le espera.

No es nada dificil, Dios nos provee sin que sepamos cómo de todos los medios necesarios para llegar a donde debemos. Sólo hace falta un corazón limpio, una voluntad firme un deseo sincero de hallar la verdad y una disposición carente de prejuicios, dispuesta a sombrarse con el misterio del Infinito que le espera al otro lado.

Porque en definitiva vamos al otro lado, cruzamos el charco, pasamos del mundo cotidiano, previsible y razonable, al mundo interior sólo accesible mediante las facultades interiores, aunque en realidad, corno se dice en nuestras lecciones rosacruces, no hay línea divisoria, no hay dos conciencias, no hay dos mundos, exterior e exterior. Solo hay un mundo, una conciencia, un Dios, una Divinidad. Solo hay una energía universal que sustenta el universo entero, con independencia de que vibre y se consolide en diferentes niveles Ese es el único lugar que hay, el único al que hay que llegar (con la paradoja de que es en el que estamos).

No voy a sugerirles técnica ni método alguno para este viaje. Simplemente siéntense de la manera más cómoda y reposen en silencio, dirijan la mirada al interior y les aseguro que Dios (o cualquier medio a través de los que nos habla) vendrá en su ayuda. Ningún sincero buscador se queda sin saborear el fruto de su búsqueda. Y he dicho que no voy a sugerir técnica o método en primer lugar porque no estoy lo suficientemente cualificado (solamente soy un humilde buscador, al igual que el resto), y en segundo lugar porque cada persona es un mundo y debe hallar por sí misma las recetas que mejor le sirvan. Además, Dios habla a cada uno con el lenguaje que esa persona entiende, y en definitiva esta es una aventura personal, íntima e intransferible. Cada uno debe hacer su viaje. Es el viaje interior. En realidad ES EL VIAJE. Muy pocos otros merecen la pena, Aunque creo, intuyo, que todos se confunden en éste.

Corno dijo en cierta ocasión un experimentado aventurero: «Después de recorrer los mares, cimas y cordilleras de medio inundo, creo sinceramente que lo único que queda por descubrís son las interioridades del ser humano».

Que la paz profunda sea con ustedes y que reposen siempre en la divinidad que se halla en su interior.

F.. R... C... Agustín Gran Adsuar
Orden Rosacruz.

 

 

 

 

 

 

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